domingo, 28 de abril de 2013

¿QUÉ LE DIRÁ A SU HIJO CUANDO LE PREGUNTE SOBRE DIOS?


¿Dónde está Dios, papá?  ¿Quién creó el mundo? ¿Qué es el alma? ¿Existe el cielo? ¿Y el infierno?  ¿Qué es rezar? ¿Se puede ser bueno sin creer en dioses? ¿Se puede ser feliz sin creer en dioses?

Son algunas de las preguntas –entre otras más no menos interesantes- que algún día nos harán nuestros hijos acerca de Dios y todo lo que tiene que ver con la religión. El economista y escritor Clemente García Novella se tomó la tarea de responderlas desde el enfoque del librepensamiento, ajeno al compromiso con cualquier religión, en su obra llamada ¿DÓNDE ESTÁ DIOS, PAPÁ?, publicada a finales de 2012.


Fuera de las experiencias similares que comparto con el autor, como el haber estudiado en un colegio católico en mi infancia, considero muy acertadas las respuestas que dio a las preguntas más importantes que todo niño (a) tarde o temprano acabará haciéndole a sus padres acerca de Dios o los dioses. Aparte de su forma sencilla y amena de exponer sus ideas y experiencias personales, es admirable la forma en que se enfrenta a las preguntas y las responde con el más cuidadoso respeto posible, dando una muestra loable de tolerancia y presentándose como un partidario de un ateísmo que yo consideraría moderado en su expresión, sin ofender a los creyentes pero sí, explicando las razones de su humanismo de una manera contundente y firme, sin titubeos.

En sus palabras cito: “Los niños nacen ateos; son los adultos los que les enseñan a creer en dioses e imprimen en sus cerebros las creencias religiosas que ellos, a su vez, recibieron de sus mayores”. Me parece una afirmación muy certera, sobre todo cuando nos referimos a sociedades hispanoamericanas, a la cual pertenezco; ya que unos padres bautizados dentro del catolicismo, sean muy devotos o no, les transmiten sus mismas creencias religiosas a sus hijos, sin presentarles un universo de creencias alternativas a las cuales poder elegir cuando alcancen suficiente madurez intelectual, o mejor aún, para que decidan no elegir ninguna, optando por el ateísmo. Novella defiende el derecho que deberían tener todos los niños, no únicamente católicos, sino de cualquier país del mundo, a instruirse en los diferentes credos y tener la oportunidad de quedarse o no con alguno, pero bajo una decisión informada y consciente, lo que me parece muy justo.

También le concedo el peso de la razón cuando asevera que         “…la intolerancia se cura viajando”. No cabe duda que el viajar y conocer otros pueblos, otras sociedades, otras creencias, amplía y enriquece nuestra visión limitada y “de burbuja” del mundo en el que vivimos, ya que generalmente la gente desprecia con tanta arrogancia las creencias de otras sociedades que concibe como inferiores y falsas a las de éstos, ignorando que lo mismo pensarían los extranjeros de sus creencias.

Y cómo no admitir la veracidad de que “en realidad la fe no da respuestas, sólo detiene las preguntas”. Imagine que Aristarco, Copérnico y Galileo se hubiesen conformado con que la idea de que la Tierra es el centro del universo -ya que el buen Dios lo creó todo para beneficio del hombre-, seguramente no tendríamos ni la más mínima noción de nuestro lugar en el universo y mucho menos se le hubiese ocurrido a la humanidad emprender la exploración espacial. Seguramente aún no se hubiese pisado ni siquiera la Luna. Seríamos muy ignorantes si todos los grandes científicos de la historia se hubiesen resignado con las explicaciones religiosas y mitológicas del mundo y sus seres vivos.

“No puedo creer en un dios que quiere ser adorado constantemente”, es la frase que citó de Nietzsche. Es algo que imagino que raras veces se pregunta un devoto ¿por qué mi amadísimo Dios, a quien trato de obedecer fiel y cabalmente, necesita, me ordena, me invita (en muchísimos versículos de la Biblia) a que lo adore todo el tiempo? ¿Por qué quiere que su criatura lo esté alabando constantemente, como tanto les fascina también a los dictadores y tiranos que ha conocido el mundo? Ese deseo es demasiado humano como para provenir de un ser divino y perfecto, ¿o no? ¿Nunca se lo ha preguntado? Tan pequeño es el ego y autoestima de ese Dios (o los dioses de cualquier religión) como para requerir de la adulación Ad infinitum por parte de los mortales?


Por otra parte, me encantó su respuesta a la interrogante “¿Por qué la gente sigue creyendo en dioses?” A la cual responde “porque los mayores siguen enseñando a los niños a creer en ellos”. Sencilla, directa y objetiva.

Entre los grandes pensadores y escritores contemporáneos también “desfila” en su obra, el periodista, recientemente fallecido, Christopher Hitchens, de quien recogió esta frase no menos brillante: “Lo que puede afirmarse sin pruebas, también ha de poder descartarse sin pruebas”. Ya que constantemente los creyentes reclaman las pruebas que tenemos los ateos para negar la existencia de Dios (es), tratando de esquivar cobardemente el hecho de que quien debe probar la existencia de un ser tan fantástico como Dios, debe ser aquel que cree en Él, con el que tiene comunicación directa (a través de la oración) o indirecta (con el clero), la frase del inglés se antoja exquisitamente pertinente al respecto.

Igual de inobjetable son las palabras de Novella cuando escribe “Sin curiosidad no habría nuevos conocimientos. Si no fuera por este tipo de personas, por los curiosos, por los desobedientes a las supersticiones, aún seguiríamos creyendo que enfermedades como la esquizofrenia o la demencia se debe a la posesión demoníaca”. Pienso en todos esos enfermos infelices a los que se les interrumpió todo tratamiento médico por instrucción de algún sacerdote, chamán, curandero o brujo que aseguró que “su mal” no era ninguna enfermedad, si no una posesión satánica, y que para su cura la medicina no tenía ninguna palabra. Y ya ni hablar de todas “las brujas” quemadas en la oscura Edad Media.

El autor resume en tres los grandes pilares que sostienen a las religiones: la existencia de Dios, la existencia del alma y el libre albedrío. Aunque sean indemostrables los dos primeros, las personas no han dejado de creer en ellos porque “queremos creer lo que nos resulta agradable y no queremos aceptar lo que nos aterroriza. No queremos desaparecer en la nada. Queremos seguir vivos”, afirma, y que nuestros seres queridos sigan vivos cuando mueran, concretando la ilusión con el hecho hipotético de encontrarlos nuevamente algún día en algún tipo de paraíso celestial. Son razones –ilusiones– muy poderosas para cualquier ser humano, sin duda. Pero entre los tres pilares, los dos primeros que he citado, considero, a nivel muy personal, que son los que requieren mayor fe por parte de los creyentes, puesto que en cuanto al último pilar, el libre albedrío, parece el más real, obvio y fácil de aceptar respecto a los demás. Estamos muy acostumbrados a la idea de que podemos ejercer nuestra voluntad a nuestro gusto. Somos libres. Incluso el mismo Sartre afirmaba que “estamos condenados a la libertad”. Movemos un brazo cuando queremos. Elegimos entre asistir o no a un evento. Optamos por leer uno u otro libro. Seleccionamos algún platillo en particular en el menú de un restaurante, etc. Y esta sensación de libertad ha sido cómplice de la religión desde antaño, pero ¿por qué? Bueno, según Novella, “para que Dios sea un dios de bondad, no culpable de la crueldad y de los males del mundo, entonces el hombre ha de ser libre”. Tiene sentido, ya que si el hombre no tuviera la capacidad de elegir, se infiere –habría que profundizar un poco más en esto para saber si realmente es así- que no sería responsable de sus actos, y por ende, no tendrían sentido ni el cielo ni el infierno, ya que no sería lógico castigar o premiar a un ser que en realidad no es responsable de sus obras. Llegado a este punto, el autor confiesa que el para él la idea del libre albedrío es una ilusión humana, asevera “…que el determinismo está en lo cierto: no somos libres de pensar y de actuar como lo hacemos. Estamos determinados”. Según explica brevemente, este determinismo puede ser cultural, social, familiar, educativo, psicológico, biológico, genético, etc. Por lo poco que he leído al respecto, esto se debe a que ciertos mecanismos, algunos más claros que otros, dentro del entorno en el que nacemos y vivimos, e incluso a causa de nuestra propia  biología constitutiva, nos determinan a actuar de cierta manera, como si fuésemos un inmenso y complicado sistema algorítmico, para el cual cada decisión nuestra podría ser predecible (conociendo todas sus variables), ya que realmente las decisiones que tomamos son el resultado, no de nuestra libertad, si no de una ponderación que se lleva a cabo en forma inconsciente de la mejor opción que disponemos. Sé que no es fácil de digerir para quienes nos hemos considerado aparentemente “libres” toda la vida. Algunos aspectos de estos planteamientos son sencillos de intuir, como por ejemplo, el hecho de que la inmensa mayoría de los niños latinoamericanos se sumarán a la religión Católica, ya que están determinados de forma geográfica, cultural y familiar a “decidirlo” así. Si al contrario, hubiesen nacido en un país árabe, casi es seguro que adoptarían la religión Islámica. En otros aspectos de la vida cotidiana esta teoría del determinismo no se vislumbra tan sencilla de entender, habría que profundizar más en el asunto si se desea correr el riesgo de acabar sabiendo que no somos libres, que la libertad como la entendemos la mayoría, es una ilusión.
En fin, es una obra que vale la pena leer y que recomiendo ampliamente, como un amigo lo hizo conmigo. Finalizo presentándoles la declaración-invitación que hace el autor al inicio de su libro:

“En matemáticas, en geología, en química, en literatura…podrán encontrar conocimiento, saber, certeza. En cuestión de dioses, sólo opiniones. Aquí van las mías.”

viernes, 22 de marzo de 2013

SOBRE PLACEBOS Y OTRAS TRAGEDIAS

¿Se puede confiar en un individuo que constantemente afirma que "todos mienten"?

En uno de mis programas favoritos de TV el personaje principal afirmó que alguien de la vida real no existe. Su aseveración me desconcertó por tres motivos. El primero es que no esperaba una afirmación de esa naturaleza -atrevida y perturbadora-, por parte de un personaje inteligente y brillante como él. Y esto se debe al segundo motivo: el ser inexistente del que habla sí existe. Bueno, al menos por consenso, ya que así lo cree la mayoría de la gente, pese a la falta de pruebas verificables. Finalmente, lo más impactante de ese "disparate", era que ese ente no es otro más que Dios (imagino que el de las religiones monoteístas), el ser más importante para millones de personas durante gran parte de la historia de la humanidad.



¿Dr. House se había vuelto loco? ¿Su blasfemia no era más que un síntoma de su amargura y envidia hacia quienes sí experimentan la divina providencia en sus vidas? ¿Estaba borracho el doctor? ¿Cuántos Vicodins se habría tomado ese día?

Cuando un personaje ficticio niega la existencia de un ser imaginario...qué es más absurdo, ¿creer en la palabra del primero o rechazarla confiando en la existencia del segundo?

Es un poco extraño que un ser irreal rechace la existencia de un ser imaginario, y peor aún, que tenga razón.

miércoles, 16 de enero de 2013

EL POSMODERNISMO DE LIPOVETSKY (PARTE 1)

Quién no


Existen dos cualidades irrefutables en el pensamiento de Lipovetsky: un carácter visionario bastante certero  y, a la vez, profundamente pesimista, para desgracia de los que vivimos en estos tiempos posmodernos.

En 1983 el galo sugería que “la última moda es la diferencia, la fantasía, el relajamiento; lo estándar, la rigidez, ya no tienen buena prensa”. Pero, ¿por qué le da un matiz de novedad a la diferencia? ¿Acaso antes todos deseaban pensar, comportarse, vestirse, alimentarse y divertirse igual? ¿Será que nuestros antepasados –cercanos o muy remotos- tenían los mismos ideales? ¿Jalaban todos en una misma dirección? Me pregunto, ¿quién no desea ser diferente? ¿Quién no desea destacar del resto? A quién no le agrada la idea de sentirse único, especial, auténtico, legítimo. 


¿Quién no desea ser original? ¿Quién no desearía tener el privilegio de inventar algo útil y valioso para la humanidad? ¿Quién desdeñaría el privilegio de engendrar grandes ideas, crear proyectos impactantes o empresas exitosas a partir de lo inédito? ¿Cuántos anhelan copiar con exactitud suiza las destrezas de la persona que más admiran en el mundo? ¿Quién quiere ser común? ¿A cuántos les fascina ser catalogados como parte del mismo rebaño? ¿Quién no se incomoda ante la acusación de ser una gota de agua arrastrada y diluida dentro del mainstream? ¿A quién le gusta ser definido en función de los demás? Ir donde todos van, comer lo que todos comen, oír lo que todos oyen, hablar de lo que todos hablan, comprar lo que todos compran, hacer lo que todos hacen o hacer lo que todos te pidan, como un ser programado, como un autómata! ¡Quién vive feliz siendo una copia de otro! ¡Cuántos experimentan plenitud siguiendo al pie de la letra las tradiciones milenarias o las costumbres familiares! ¡Quién está satisfecho fingiendo ser una marioneta! ¿Qué habría sido de la humanidad si desde tiempos inmemoriales todos hubiesen seguido la misma senda, erosionado el mismo camino de sus padres y abuelos?

 El motor del progreso opera en una mente que ve el mundo de una manera diferente, en quien percibe la realidad como una condición perfectible y se aventura, con o sin la aprobación de los demás, en la osada tarea de mejorarlo. Bien dicen que “si haces siempre lo mismo, no esperes resultados diferentes”. El mundo siempre ha necesitado revolucionarios y librepensadores, cuyo común denominador fue el hacer la diferencia, romper con el orden establecido.

¿La última moda es la fantasía? ¿En serio? ¿Acaso no fantaseaba Da Vinci o los hermanos Wright al fabricar artefactos con los que pudiesen volar como las aves? O incluso, los antiguos griegos, repitiendo una y otra vez el mito de Ícaro y Dédalo. ¿No soñaban los rusos y los estadounidenses con viajar al espacio, como lo sugieren las enormes cantidades de recursos económicos y humanos invertidos en tal empresa? ¿No tuvo la misma ilusión el francés Georges Melie unas cuantas décadas atrás?

¿No es la fantasía algo natural en la mayoría –si no es que en todos- de los seres humanos, independientemente de la generación a la que pertenezcan? ¿No es la fantasía una versión artística de la ciencia ficción? Un invento –sea ya trascendental o efímero- ¿no es en sus inicios una especie de quimera, una locura o quizás una fantasía desquiciada del soñador?
Hoy por hoy ¿podría considerarse al relajamiento como una moda?  Desde luego que sí, y aunque la humanidad a lo largo de la historia siempre ha realizado actividades de esta índole, me atrevería a afirmar que nunca en el pasado se invirtió tanto tiempo en el ocio, como se hace actualmente. No cabe duda de que somos una sociedad relajada que aspira obtener de la manera más fácil y al mínimo esfuerzo el máximo bienestar posible, la mejor relación costo-beneficio. Debido al ambiente favorable de tolerancia que se experimenta, y al estilo de vida individualista que Lipovetsky menciona de manera recurrente, nos comportamos de forma desenfadada, cool, relax y despreocupada. Una sociedad más flexible no solamente es más igualitaria, si no también más permisiva y, por lo tanto, menos punitiva, lo que está bien hasta cierto punto, hasta cierto límite, el cual muchas veces parece una línea abstracta o imaginaria, que se cruza y pierde con facilidad una y otra vez, consciente o inconscientemente. Por otra parte, el crédito bancario combina de manera perfecta con nuestra sociedad despreocupada. No se tiene que ahorrar para satisfacer nuestros caprichos, el crédito nos permite saciar nuestra veleidad aquí y ahora, sin tener que esperar. En realidad no nos gusta esperar, ya no sabemos esperar. El valor del sacrificio ha perdido peso, está devaluado. La sociedad en la que vivo repele el esfuerzo arduo, no le ve sentido, le desprecia y huye, le evita a cualquier costo. Las generaciones recientes detestan los caminos largos y estrechos, no saben que Per aspera ad astra, y en su lugar, adoran los atajos, las soluciones rápidas, las respuestas precipitadas, superficiales y hechas al vapor.

Esta nueva sociedad está ávida de diversión todo el tiempo posible. Parece aspirar a trabajar únicamente los fines de semana y así poder divertirse los demás días! La industria nos ofrece diversión en todos los gadgets. La música, los videos e internet ahora son como las bacterias: cosmopolitas. Nos acompañan a todas partes: en el celular, en el automóvil, en la Tablet, en la computadora…, el gadget es un apéndice artificial adherido al hombre del siglo XXI.



La tecnología no solamente nos ha facilitado la vida, también nos vuelve más perezosos e inactivos. Las máquinas cada vez asumen más tareas que antes hacíamos. Los aparatos y dispositivos ahora cepillan los dientes, secan el cabello, hacen cálculos, abren puertas y ventanas, dan masajes, divierten, proporcionan placer, permiten tener amigos virtuales a los cuales no necesitamos conocer personalmente. La tecnología electrónica nos libera en algunos aspectos pero nos esclaviza en otros. Nos libra de innumerables esfuerzos físicos, nos ahorra mucho tiempo, sin embargo, simultáneamente nos volvemos adictos a su uso, dependientes. 


El celular o el videojuego portátil se vuelven parte de la anatomía humana. La humanidad ha perdido profundidad espiritual y merma en altura moral, en ideales altruistas, mientras muta en un híbrido hombre-máquina. Su comunión con la tecnología difumina la frontera entre los objetos y su dueño. El hombre posmoderno se vuelve loco cuando olvida su celular. Ahora son inseparables. Se siente perdido y solo, incomunicado, como un Robinson moderno extraviado en alguna isla lejana y desconocida. ¿Y en cuanto a la música? Difícilmente toleramos el silencio. Necesitamos estar escuchando música todo el día, pareciera que el aire es a nuestros pulmones lo que el ruido al oído. La tecnología es nuestra proveedora y cómplice perfecta. Desde hace mucho la música dejó de estar anclada al tocadiscos o equipo de sonido del hogar, ahora va con nosotros a todas partes, como una prenda de vestir más. Está  en el reproductor portátil, en la Tablet, en la laptop, en el móvil, en el automóvil, etc. Es la paradoja de lo que proporciona la tecnología y el progreso. ¿Quién se resiste? ¿Quién prefiere quedarse fuera de todo el bienestar disponible? 

¿Quién no se deja seducir por el confort, lo exprés, lo instantáneo, lo divertido y lo personalizado?


lunes, 30 de julio de 2012

LA PLENITUD DE LO REMANENTE

Me encanta el sin sentido. No me ofende más. Es como una droga para mí. Desearía dejarlo, pero no puedo. Confieso que no lo sabía.

Al fin pude apagar el maldito televisor, y el silencio remanente me hizo pedazos cuando me escuché a mí mismo, me astilló el cerebro.

Me siento tan libre que apenas me doy cuenta de lo esclavo que soy. Todo parece una ilusión.

Mi mayor paradoja es creer en una sola vida, y dejarla ir sin reflexión, como un autómata.

Soy una patética caricatura de mi mayor temor: el mítico Sísifo. Temo convertirme en lo que ya soy. Al parecer, es tarde ya. ¡Qué más da!

Estoy inconforme con toda la mierda del mundo maravilloso en el que vivo, pero no puedo evitar que al estar en medio y rodeado de ésta, me sienta como tal.

Es desalentador descubrir que casi todas las cosas sagradas que siempre creí, no lo son. Es decepcionante haber ignorado tanto y saber aún tan poco. ¡De cuánto me he perdido hasta ahora! Invertí lo poco que tenía en unas mentiras espectaculares. Sembré mi futuro en el idealismo. Le aposté todo. Y perdí. La realidad se ha llevado casi todo lo que había construido. Mis ideales...ahora castillos de arena. Las olas del tiempo cada vez se llevan más, grano a grano...cada vez queda menos. Yo no he querido elegir mis residuos. Han tenido que ser estos. Me he quedado con tan poco del oropel que anhelaba hace muchos años.

No. Mi esperanza no descansa en esa idea hermosa y absurda de "la otra vida", sino en defender con todo ahínco lo poco que logre conservar y vivir consciente de que traté a más no poder de conducir mi existencia con la mayor soberanía posible y concebible de mi ser. Sin temer al rechazo o desprecio de los demás, sin desear que estén de acuerdo conmigo. Quiero saberme realmente dueño de mí.

No existe empatía alguna capaz de sentir lo miserable e infeliz que uno se siente cuando todo se va al demonio. ¿Quién podrá imaginar mi más profundo dolor cuando lo experimente? Dicen que los dioses lo hacen, pero ya no lo creo. Mas qué importa la imaginación, ¡quién podría sentirlo como yo! 

Todo lo que me ocurra será porque lo habré querido...o porque lo habré permitido. Ojalá no me toque luchar contra lo inevitable, a no ser que se trate de la muerte, para la cual no conozco defensa efectiva.

Me voy. No es novedad. Siempre me estoy yendo. Es comprensible cuando parece necesario y obvio, pero a veces absurdo e inexplicable cuando no tengo razones para hacerlo, y aún así, lo hago.

Me voy. Espero no hacerlo cuando más me necesites. Ojalá no lo haga cuando menos deba.

domingo, 5 de febrero de 2012

LA ANGUSTIA DE LA IGNORANCIA

I


Cuando era un niño no solía soñar muy a menudo. Sin embargo, cuando sí lo hacía, había dos sueños en particular que eran recurrentes. Lamentablemente ninguno de los dos era muy alentador. El primero de ellos era el siguiente: 


Estaba yo en el interior de un espacio cuyo fondo a mi alrededor era totalmente blanco. Al voltear la mirada hacia abajo, veía un piso cuya cuadrícula estaba formada por líneas ortogonales negras. Por alguna razón pensaba que debía caminar hacia adelante y no sé por qué no debía pisar ninguna de las líneas del piso, en cambio, tenía que dar un único paso dentro de cada cuadrado del piso. No sé por qué tenía que ser así. No había nadie que me lo dijera, ningún cartel que me lo advirtiera. ¿Era instintivo? No. No tendría sentido que corriera peligro si no cumplía con esa especie de regla, ¿o sí? Creo que más bien era una especie de juego y que yo me había creado, inconscientemente, dicha norma. En fin, no veía complejidad alguna en el asunto, y me disponía a avanzar sobre la cuadrícula. Por cada paso, un solo cuadrado. Por cada cuadrado, un solo paso. ¡Sin tocar ninguna línea!. ¡Era fácil! Pero mi deleite no duró mucho. Conforme iba avanzando los cuadrados del piso se hacían, poco a poco, más grandes. En la medida en que caminaba tenía que dar pasos más largos cada vez, y el tamaño de esos cuadrados no dejaba de aumentar. Entonces, empezaba a estirar muchísimo mis piernas para poder dar una sola pisada sobre cada cuadrado sin tocar las delgadas rayas negras. La tarea -o juego- se hacía cada vez más complicado y me iba angustiando gradualmente conforme necesitaba mayor esfuerzo en conseguir dar cada paso sin violar las reglas. Con el tiempo, ya no podía hacerlo caminando, tenía que saltar y estirar al máximo las piernas, y cada vez mis pisadas quedaban más cerca de las "peligrosas" rayas negras. ¡Ansiedad! ¡Angustia! ¡Zozobra! ¡Ya no podía más! ¡En cualquier momento pisaría alguna de esas rayas malditas! Y de repente,... ¡He despertado! No supe qué consecuencias catastróficas me traería el haber pisado siquiera una sola de esas rayas, de haber violado las reglas una sola vez. De hecho nunca lo supe. Sin embargo, cada vez que se repetía el sueño, y tenía consciencia de que estaba en el umbral del mismo y de lo que debía hacer (repetir la misma rutina), era aún más agobiante que la vez anterior, puesto que ya sabía de antemano que el reto se pondría extremadamente difícil conforme avanzaba en mi marcha hacia...hacia qué? ¿Hacia la nada? Nunca vi más allá de mis narices. Llevaba la vista hacia abajo, centrada en captar la dimensión de cada próximo cuadrado. Angustiado en saber si pisaría o no la siguiente raya. Pero, ¿por qué tanto temor? ¿De dónde el miedo? ¿Sería por la incertidumbre de no saber? ¿La angustia de la ignorancia? ¿De lo desconocido? ¿Sería por la mentalidad infantil de que si haces algo "malo" o faltas a alguna regla explícita, sobrevendría el hipotético pero muy probable castigo? No lo sé.





Lo que sí sé es que podría darle la interpretación que yo quisiera a ese sueño reincidente. Con el paso del tiempo  pensé que ese espacio en blanco podría ser mi vida. Blanca, como una hoja de papel esperando ser escrita, con la tinta de mi voluntad. La cuadrícula del piso representaría las normas y restricciones que la sociedad o uno mismo, se impone. No debía pisar ninguna raya de esa cuadrícula y a cada paso mi pie debía caber en un solo cuadrado. Aunque nunca supe qué consecuencia me traería incumplir esto, ahora sí tengo consciencia de lo que podría sucederme si infrinjo algunas o muchas leyes de la sociedad, pero aún no estoy del todo seguro de las secuelas que me han traído las limitaciones que yo mismo me he provocado. No tengo idea de todo lo que me he perdido con el refreno de mis impulsos y deseos, aunque sí lo tengo de lo que he ganado, lógicamente. No doy importancia a los mundos paralelos y desprecio la inutilidad de meditar sobre el "hubiera".


Un día leí "Lo Fatal", de Rubén Darío, y pensé que sus versos describían tan bien lo que sentía en ese sueño, que tal parece que el gran poeta hubiese sido testigo de mi angustia infantil, cuando escribió:


"...y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
[...] y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos."




viernes, 28 de octubre de 2011

LO PAGANO DE LO CRISTIANO

En ocasión de la próxima "celebración" de la fiesta de Halloween o Noche de Brujas, leí en un muro de Facebook el siguiente comentario:

 ‎"7 Razones para no celebrar Halloween: 1. No es actividad cristiana, 2. No lo enseño JESUS, 3. Se rinde culto a Satanas, 4. Viola el 1 de los mandamientos, 5. Participar es ofensa grave para Jesús, 6. Contamina y esclaviza a los niños, 7. No es una tradición Nica, y en ese dia gente sin escrùpulos matan niños y animales para ofrecer su sangre al demonio. ¡¡Si realmente AMAS a JESUS ponlo en tu MURO!!".


...la verdad es que cada quien es libre de pensar y celebrar lo que quiera (en un estado aparentemente democrático), y lo que me causó más gracia de las 7 razones fue quizás la primera: "No es actividad cristiana". Es cierto, Halloween hunde sus raíces más profundas en la antigua cultura y religión celta; pero si de orígenes se trata, estrictamente hablando, el cristianismo en general, y la Iglesia Católica en particular, cuenta con una serie de creencias, ritos y celebraciones que no se pueden considerar como exactamente genuinas. Ejemplos de ello sobran, y solamente citaré tres: el mes mariano, la navidad y la resurrección de Cristo.

EL MES DE MAYO: MES DE MARÍA: En tu calidad de creyente algunas vez te preguntaste por qué los "padres" de la iglesia escogieron este mes y no otro para la veneración de la madre de Jesús? O lo has estado celebrando sin saber por qué? Cuando la iglesia cristiana empezó a tener mayor poder político trató a diestra y siniestra de cristianizar todos los ritos y fiestas paganas que aún prevalecían en aquellos días, sobre todo los más importantes y que obstaculizaban el esparcimiento de la buena nueva, la expansión de la nueva religión judeocristiana. Para los antiguos romanos, el mes de mayo suponía el triunfo y consagración de la Naturaleza, la Magna Mater, representada mitológicamente por la diosa Maya (en honor a la cual quizás se le dio el nombre a ese mes, según la opinión más autorizada), deidad de la fertilidad en general. A esta diosa se le hacían sacrificios públicos entradas las horas de luz del primero de mayo para propiciar la fertilidad de los campos. Debido a que la costumbre estaba muy arraigada, su cristianización fue muy lenta. Y no fue sino hasta el siglo XII y gracias a la escuela filosófica de Chartres que se elaboró una alegoría que terminaría identificando a esa Magna Mater con la virgen y madre, que es María. Un siglo después, el rey español Alfonso X el Sabio en su Cantigas llama a María "rosa de las rosas, flor de las flores", y asocia por primera vez y de una forma explícita el mes de mayo con la virgen madre; creía que las fiestas paganas de mayo -que seguían celebrándose- podían y debían ser santificadas mediante la devoción a María. Más tarde, en el siglo XVI, Sn. Felipe Neri, como reacción al espíritu paganizante del Renacimiento, promovió entre los jóvenes que adornaran la imagen de María durante el mes de mayo y cantaran sus alabanzas. Cabe mencionar que dominicos y jesuitas institucionalizaron esa forma de devoción escribiendo literatura en la que se dedicaba una oración para cada día del mes. Finalmente a mediados del siglo XIX dicha devoción ya se había difundido por toda la Europa Católica, y en especial por España, de donde pasó a América. Por lo tanto, la celebración "cristiana" del mes mariano tiene un origen y fundamento pagano.



LA NAVIDAD: o "fecha" de nacimiento del niño Jesús, es la fiesta cristiana que tiene más claros antecedentes paganos. Ningún tipo de evangelio (canónicos y apócrifos) indican cuándo nació Jesús. El evangelio de Sn. Lucas sugiere que el nacimiento debió ocurrir en época de tiempo más benigno que el 25 de diciembre, ¿por qué? Porque dicho texto bíblico menciona que "Había en aquella región algunos pastores que velaban de noche vigilando el rebaño", y en la Palestina de aquel tiempo el pastoreo se practicaba durante el buen tiempo, es decir, durante la primavera y el verano, y por tanto, si los pastores fueron testigos del nacimiento de Jesús, éste debió producirse durante tal época del año. De hecho el Evangelio Armenio de la Infancia sostiene que Cristo nació el 6 de enero y en abierta oposición al evangelio de Sn. Lucas afirma que "en aquel momento los pastores y boyeros no estaban porque era invierno. En base a esto, la Iglesia de Oriente celebró desde el siglo V, el nacimiento de Jesús el 6 de enero. Pero esta fecha no fue la única que se estableció o dispuso en la historia del cristianismo, también se propuso como fecha de navidad el 28 de marzo, el 18 de abril y el 29 de mayo. Pero entonces ¿cómo se explica que se celebre o haya propuesto el 25 de diciembre? En los albores del siglo III D.C., la religión romana pagana (de tipo politeísta) se había transformado en henoteísta, es decir, reconocía la existencia de varios dioses pero solamente uno era digno de adoración, un Dios Supremo -frecuentemente identificado con Júpiter- que era el creador de todo lo existente. 



Por otro lado, una nueva teología solar, importada de Siria y con base en el mitraísmo identificaba a ese Dios Supremo con el Sol. En Roma, el culto al Sol adquirió carta de naturaleza por obra de Caracalla cuando identificó a Apolo con Helios y fue creciendo al compás de la religión mitraica. El sucesor de Caracalla se proclamó sacerdote de ese dios solar y lo colocó nada más y nada menos que a la cabeza del panteón romano. Por su parte el Emperador Aureliano le dedicó, bajo la advocación de DEUS SOL INVICTUS, un templo en Roma entre los años 270 a 275 en el solar que hoy es la plaza de San Silvestre. 

La fiesta del Sol Invicto, que se celebraba con vistosas ceremonias y juegos en el circo, la fijó el mismo Aureliano el 25 de diciembre por dos motivos:

1) Porque pasado el solticio el "nuevo sol"  iba ascendiendo en el horizonte y se hacía perceptible el aumento de luz diurna.

2) Porque Mitra, dios solar, confundido a veces con el dios Sol Invicto y cuyo culto estaba tan extendido como el del cristianismo, había nacido un 25 de diciembre.

Con esto, el Emperador "mataba dos pájaros de un solo tiro", tratando de armonizar el politeísmo greco-latino con el monoteísmo del cristianismo y el mitraísmo. Lo cual, sumado a su posterior conversión al cristianismo, natural dentro del contexto político, llevó consigo un cambio de nombre de ese Dios Supremo; quien antes se llamaba Apolo o Helios, ahora pasaba a llamarse Cristo, Jesús.



El recién reconocido cristianismo veía en el culto a Mitra una verdadera amenaza, debido al enorme parecido del nacimiento de éste con Jesús y a que los primeros cristianos se sentían atraídos al dios pagano tanto por su misticismo en el culto al Sol Invicto como por la espectacularidad de las fiestas a él dedicadas. La iglesia, preocupada por la difusión de los cultos solares, decidió celebrar el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, aprovechando dicho sea de paso, que profetas como Isaías y Malaquías, en numerosas ocasiones habían anunciado a Jesús como Luz y Sol. Y no puedo omitir que esa imagen de Jesús-Cristo-Sol Victorioso sigue estando presente en la vida cristiana actual. A principios del siglo XV San Bernardino de Siena comenzó a representar la Eucaristía como un círculo que emitía rayos brillantes y en cuyo interior estaban inscritas las letras JHS, anagrama de Jesús Hombre Salvador.

Y respecto a LA RESURRECCIÓN DE JESÚS, también hay numerosas fuentes históricas que registraron la  difusión que alcanzaron los cultos dedicados a Atis en Asia Occidental, el de Adonis en la región de Siria y el dios sumerio Tammuz. A todos los dioses anteriores se les atribuyen relatos similares a la resurrección de Jesús, pero mucho más antiguos que la resurrección de Cristo. Me encantaría comentar dos o tres casos, pero el tiempo por hoy se me acabó. 

Es curioso -y para algunos decepcionante y doloroso- conocer ese lado pagano de lo cristiano. No se conforme con todo lo que le digan ni repita como un autómata todo el tiempo. 

Bibliografía:

-"De dioses a santos" Domingo Domené Sánchez.
-"Creencias y ritos del misterio cristiano" Pedro Brosa Rocabert.

miércoles, 31 de agosto de 2011

UN TAL PELEO

Peleo: bien podría ser la conjugación en tiempo presente de la primera persona del verbo "pelear", sin embargo, Peleo -con mayúscula- es otra cosa totalmente diferente. Bueno, no cosa, más bien, un personaje -ficticio, por cierto- de la riquísima mitología griega, de cuyas aguas también se nutrió la romana.

No profundizaré en el origen de Peleo, ya que temo suceda lo mismo que con otros mitos griegos: hay varias versiones acerca de quien era su padre o su madre, que si nació en tal pueblo, que si fue en otro, etc. Lamentablemente, los poetas y escritores griegos que difundían los mitos en aquellos tiempos, no se ponían de acuerdo respecto a una sola versión, y actualmente suelen disponerse de varios orígenes de un mismo personaje. Y qué mejor ejemplo que el origen de Afrodita (la Venus romana), que según una versión era hija del todopoderoso Zeus y de Dione (una titánide según Apolodoro, o una pléyade según Higino, ¿quién da mas?), pero la versión más aceptada por los estudiosos del tema, es que era hija de un único dios: Urano, cuyo "cariñoso" hijito, Cronos, le cortó los órganos genitales y los arrojó al mar. Las corrientes los fueron arrastrando constantemente y se fue acumulando una espuma blanca dentro de una concha hasta que se formó de manera fantástica una mujer: Afrodita.

Afrodita, surgida de la espuma del mar.

Pero volviendo con el bastante desconocido Peleo, les contaré que, según el mito, una hermosa noche de luna llena vio en la orilla del mar a la bellísima Tetis, y se enamoró de ella (al parecer entre los dioses y mortales griegos el amor a primera vista era muy común). Pero cómo sabemos que era "bellísima"?, bueno, eso lo supose yo, porque si dos de los dioses cosmogónicos más poderosos, Zeus y su hermanito Poseidón, la habían pretendido, no creo que fuera  solamente por su belleza "interior". Pero el destino, personificado en las Moiras, esta vez no le daría gusto a ninguno de esos dioses mayores y favorecerían, milagrosamente, a un mortal. Quién sería el afortunado? Ningún otro más que Peleo. Y ni modo, los concupiscentes dioses tuvieron que hacerse a un lado.

Pero el mortal aún no la tenía fácil. Tetis era una diosa, y no se dejaría seducir (o más bien atrapar) sin dificultad. Para esto, el gran Peleo hizo lo que uno debería hacer cuando no sabe cómo conseguir algo: pedir consejo a quien sí sepa, dejando del lado el orgullo y la soberbia. Y su apoyo lo encontró en el centauro Quirón, quién le reveló que para que la codiciada diosa pudiera ser suya, tendría que tomarla FUERTEMENTE de las manos y NO LA SOLTARA, pasara lo que pasara. Me pregunto si este tipo de consejos, contenido en las historias de antaño, de alguna manera alentaron la violencia y/o violación sufrida por las mujeres, tan común en la época romana (en que el soldado romano no preguntaba ni cortejaba, en su lugar tomaba a la fuerza). Pero bien, Quirón sabía por qué lo decía y ésto fue precisamente lo que hizo Peleo. La tomó fuertemente y la diosa ipso facto acudió a sus poderes divinos para librarse, convirtiéndose en diversos elementos y animales. Según algunos mitógrafos, la diosa se transformó primero en fuego (no se quemaría las manos el tal Peleo?), y en vista que este hostinado hombre no la soltaba, se convirtió en serpiente (técnica que aún hoy en día parecen utilizar algunas: son muy resbaladizas!). Pero tampoco la soltó en su forma reptil, y entonces se transformó en un león (te imaginas luchando solamente con las manos ante esa bestia?), y el fortachón de Peleo no la liberaba de sus brazos. Entonces Tetis se transformó en agua, pero fue inútil, no pudo escaparse del abrazo hermético del mortal (aunque no concibo cómo podrías apretar fuertemente a una mujer de agua). Total, la diosa se dio por vencida. Ya estaba cansada y bien magullada, y no tuvo más que ceder a los favores solicitados por Peleo. Se casaron en una pomposa boda, en la que se produjeron los eventos que desatarían la Guerra de Troya, pero esa es otra historia, mucho más conocida y popular que la de Peleo.

Bodas de Tetis y Peleo, por Abraham Bloemaert

Moraleja? Luchar incansablemente por lo que se quiere hasta conseguirlo? Ser insistente y terco como Peleo? Siempre recordaré una de la veces que insistí con demasía para conquistar un corazón "salvaje", la historia no terminó bien. Cuidado con la lucha insansable por causas perdidas, puede convertirse en una victoria pírrica, tan común y muchas veces desapercibida. Ya otro día les escribiré sobre lo "pírrico".