Mostrando entradas con la etiqueta Ciencia y Tecnología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ciencia y Tecnología. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de mayo de 2011

LO QUE ME DEJÓ "COMPRAR, TIRAR, COMPRAR"

La mayoría de los adultos que me rodearon durante mi niñez, adolescencia e incluso hasta hoy, han opinado que las "cosas de antes eran de mejor calidad, duraban más, eran para toda la vida". Al principio les creía ciegamente. Posteriormente esas frases me parecieron una extensión de aquel dicho popular de que "todo tiempo pasado fue mejor". Algo no del todo cierto. Para mí la mayoría de las veces eso representa un mito.


Sin embargo, la producción de bienes a gran escala representó una baja en los costos, crucial para que pudiera surgir y desarrollarse la sociedad de consumo que aún hoy galopa a paso trepidante. Los artículos más baratos y destinados al consumo en masa tienen una vida útil relativamente corta, y su repunte en la demanda está a expensas de la moda del momento, cuyas aguas incesantes no dejan de correr y desplazan con suma prontitud lo que hoy representa "lo último en tecnología e innovación". Actualmente muchos artículos de uso diario son prácticamente desechables: desde cubiertos, productos para el aseo personal, envases de bebidas, celulares, etc.


"Un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios"
publicado por la revista neoyorkina A Journal For Advertisers
el 10 de mayo de 1928.


Quizás los adultos sí tenían razón. Y no hay ignominia alguna en reconocerlo. Al parecer tenía que ver el documental "Comprar, tirar, comprar" para convencerme plenamente. En el mismo se aborda como tema central la obsolescencia programada, es decir, la política deliberada -y deshonesta, agregaría yo- de diseñar y vender bienes con una vida útil muy corta, con la intención primordial de provocar su reemplazo con mayor frecuencia y así vender más y, obviamente, obtener mayores ganancias. La maquinaria del consumismo excesivo está accionada -y muy bien engrasada- por tres instrumentos básicos: la publicidad, la obsolescencia programada y el crédito, según el profesor Serge Latouche, de la Universidad de París. Si bien los vendedores argumentan que ellos no obligan a los consumidores a comprar, las campañas publicitarias son abrumadoras en cuanto a frecuencia y grado de manipulación. Y para muestra un botón: las transmisiones en vivo de eventos deportivos de gran magnitud, dígase la final del Mundial de Fútbol, el Super Tazón o el Clásico de Octubre, donde el "bombardeo" de comerciales es casi insoportable. 

La otra cara del consumismo brutal que vivimos.
"Donación" de los países desarrollados a Ghana.

"Quien crea que un crecimiento ilimitado es compatible con un planeta limitado, o está loco o es economista. El drama es que ahora todos somos economistas", señala categóricamente el profesor Serge. "En la última generación nuestro papel se limita a pedir créditos para comprar cosas que no necesitamos. No tiene sentido", agrega John Thackara, diseñador y filósofo. Aunque es bastante cierto, y puede estar poniendo el dedo en la llaga al plantearlo de esa forma, a la mayoría de las personas parece no importarle mucho, pese al progresivo agotamiento de los recursos naturales, empezando por los más básicos: los alimentos. Según una reconocida revista, si los países del mundo consumieran recursos al mismo ritmo que lo ha estado haciendo Estados Unidos de América desde los años 50, se requeriría el equivalente a cinco planetas Tierra para poder satisfacer ese "hambre voraz".

Da tristeza e indignación cuando el programa televisivo revela que la obsolescencia programada ha sido planeada con el único fin de que los capitalistas se volvieran más ricos. Quién estaría contento si al llevar su automóvil al mecánico, éste lo "reparara" poniéndole alguna refacción de mala calidad con la vil intención de que el cliente regrese a las pocas semanas para que se le "resuelva la falla nuevamente". Nadie, no? Pues he ahí la estrategia de muchas empresas, y en el documental se expone el caso de algunas impresoras diseñadas para que a los 5 años o a cierto número de impresiones, un chip -implantado ex-profeso dentro de la misma- bloquee el funcionamiento del aparato cuando se alcance el límite impuesto por la compañía. Es esto ético? 

Precisamente se le propinó una estocada mortal a la ética profesional de los ingenieros diseñadores  cuando se les pidió, desde los años 40 del siglo pasado, que produjeran artículos más débiles y menos duraderos, incluso cuando ya habían sacado al mercado productos de mejor calidad. Desgraciadamente, frente a la vieja escuela de los ingenieros preocupados por fabricar artefactos para toda la vida, acabó imponiéndose -por la presión de los dueños de las industrias- la filosofía de la nueva escuela: producir en masa artículos con una vida útil muy pobre.

Todavía más intolerable y molesto resulta que los países industrializados envíen en "generosas donaciones" sus aparatos electrónicos obsoletos -o más bien sus residuos- a los países tercermundistas, contaminando sus recursos hídricos, aire y suelos, como el caso de Ghana, país que recibe, literalmente, chatarra de varias empresas trasnacionales que alardean de ser ecologistas y responsables con el medio ambiente. ¡Vaya forma de demostrarlo!

"Si la gente no compra, la economía no va a crecer" Es una frase con la que se defiende un empresario. Parece muy lógico su razonamiento, pero ¿es sostenible para el planeta y sus habitantes la compra desmesurada de cosas?


Pastel de cumpleaños de la Bombilla de Livermore,

en 2001.

Lo más gracioso y a la vez sorprendente del documental: la Bombilla de Livermore, inventada por Adolphe Chaillet para que durara. Y cuando les digo "durara" lo hago literal y tajantemente, porque en 2001 el famoso foco cumplió 100 años funcionando sin interrupción (y aún lo hace, puedes comprobarlo visitando la estación de bomberos de la ciudad de Livermore, en California, E.E.U.U.)

Fragmento del documental.

martes, 9 de noviembre de 2010

LOS GADGETS: NECESIDAD O LUJO?

Upgrade me, es el nombre de un documental producido por la BBC en la que se trata de revelar el misterio detrás de nuestra obsesión por las actualizaciones tecnológicas, visto por el poeta británico Simon Armitage. El programa me pareció muy bueno, realmente vale la pena verlo. Me gustó mucho una frase que dijo respecto a la compra de aparatos electrónicos, en especial los gadgets, y es que "ahora lo importante es la estética, cómo se vean, ya no importa mucho si funcionan bien o no, porque se supone que sí lo hacen". De hecho se suelen comprar sin que exista la necesidad de ello, si no más bien por tener lo último.

 Imágenes del documental de la BBC, Upgrade me.

Constantemente la gente también está desechando electrodomésticos que todavía funcionan muy bien, pero que ya han quedado "obsoletos". Esto concuerda con lo expuesto por el filósofo francés Guilles Lipovetsky, en su libro "La era del vacío", en el que comenta que "vivimos en una sociedad que sólo acepta como valor lo nuevo".

Me pregunto si somos víctimas de nuestras obsesiones, aunado al bombardeo continuo de las empresas capitalistas que conocen esta debilidad, o simplemente quienes viven al día con lo último en tecnología es porque realmente lo necesitan. O es simple hedonismo? son los gadgets símbolo de poder y estatus social? aplica el dime qué celular usas y te diré quién eres? o es la mentira que se han creido quienes bailan al son que les toque la moda?

Quienes no se dejan arrastrar por esta avalancha de la mercadotecnia se están condenando social, tecnológica y profesionalmente al olvido y destierro del resto? su inercia es un miedo natural al cambio? O es un intento por equilibrar necesidad y lujo?